
Como ya es mi nuevamente mi costumbre, partí a la biblioteca a repasar, para una interrogación para ver mis debilidades y arreglarlas antes de dar nuevamente el examen de grado.
Pero tenía una flojera taaaaaaaaaaaan enorme, que bajé y pedí prestado el diario y me puse a leer, ahsta que llegué a la cartelera.
Empecé a revisarla y grata fue mi sorpresa al ver que aún estaba en cartelera, la película de Andrés Wood.
Así que agarré mi humanidad y partí al Hoyts de la Reina, a verla.
Como era de esperarse, la sala estaba casi para mi solito, pues había una pareja de pololos.
La peli en sí, es de una sencillez tal, que no sé porque razón me conmovió tanto, pues tiene ese no sé que, que sólo cierto tipo de director puede hacer transmitir a través de la pantalla grande.
Todas las historias que hay se relacionan de una u otra forma con la otra. Pero no de forma directa, sino que a través del amigo del amigo, tal como es la vida real.
Mientras las historias suceden en pleno centro de Santiago, historias de prostitutas, embarazo adolescente, orfeón de carabineros, peluqueros y agentes de bancos, dan origen a una historia, que quizás tal vez como me pasó a mi, te lleve hasta las lágrimas...