Matilde
Cuando le comentaron a toda la familia, que ya el tiempo era suficiente como para emprender una vida juntos. Francisco, sonrió como todos, dio los abrazos correspondientes, compartió con ellos un par de minutos y se excusó de ir al baño, donde brotaron las lágrimas con más tristeza de su vida. Definitivamente había perdido a Carlos, como su compañero del alma. Su hermana, por el solo hecho de ser mujer, le robó a quien era su confidente, el compadre de andanzas y de mentiras grupales, para salvarse mutuamente el pellejo.
Como estaba estipulado, Carlos y Consuelo, se juraron amor ante Dios. Y al par de años, nació Matilde. Una niña de ojos café que demostraba la belleza de su corazón y con que esa larga cabellera que nunca quiso cortarse.
Sin embargo, Francisco, estuvo pendiente (muy pendiente diría yo) del acontecer de ese matrimonio y sobretodo de su hermana. Conocía mejor que nadie a Carlos y no quería que ninguno de ese matrimonio, sufriera por culpa del proveedor de la familia.
Matilde, adoraba a su tío por sobre todas las cosas. Fue su padrino, para cada ocasión en que necesitara uno y él siempre estaba ahí, para lo que ella necesitara.
Es por eso, que cuando ya era practicamente una mujer, no pudiera entender (y aún no puede), que como era posible, que su papá se fuera a vivir con su tío y la dejara sola con su madre.
Ahora Carlos y Francisco llevan años viviendo juntos, tienen un par de perros y todas las tardes, salen juntos a pasear los 4.
Mientras Matilde todavía no logra entender que su papá y su tío duerman en la misma cama...

